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20
de marzo de 2006
Taller:
Instituciones y participación social en el MERCOSUR.
Palabras y realidades a 15 años del Tratado de Asunción
Por
Mariana Vazquez
1-¿Por qué es necesaria la discusión
acerca de la estructura institucional del MERCOSUR y la construcción
de espacios de participación social y ciudadania?
En
el marco del MERCOSUR se ha decidido, en diciembre de 2005,
encaminar una reforma de la estructura institucional del bloque.
La decisión coloca en un lugar central de la agenda
el debate acerca de los desafíos que se presentan para
el ejercicio de la representación política y
de la participación social y ciudadana en el marco
de un acuerdo regional de este tipo. Pone sobre la mesa la
discusión sobre la legitimidad y la calidad democráticas
del proceso de integración. Esta nueva cantera institucional
constituye una oportunidad histórica para consolidar
y profundizar dos procesos: por un lado, el de democratización,
que comienza en la región en la década del ochenta;
y, por otro, el de construcción de un proyecto político
común que nace con los primeros acuerdos entre Argentina
y Brasil que tienen lugar, no por azar, en aquel período.
Ambos procesos han estado relacionados en sus orígenes
y en su trayectoria y lo están en su devenir.
Quisiera
compartir con ustedes algunas reflexiones acerca de la responsabilidad
y el desafío que tienen nuestros países, con
respecto a la construcción de una institucionalidad
diferente para el proceso de integración regional en
el MERCOSUR: una arquitectura institucional más democrática,
que coloque a la participación social en el lugar del
pilar principal del proceso de construcción de su agenda,
que promueva una visión común que trascienda
y supere los intereses nacionales, para el fortalecimiento
de objetivos compartidos.
Pero
antes de ello, me parece importante señalar por qué
la reflexión acerca de la dimensión institucional
de un proceso de integración que, como el MERCOSUR,
ha tenido vocación de avanzar más allá
de lo comercial, implica reflexionar sobre diversos aspectos
que no siempre son tenidos en cuenta, ni en la mayoría
de los análisis académicos, ni en la práctica
política. El pensar en la institucionalidad del bloque,
si consideramos tanto su dimensión regional como sus
múltiples articulaciones con los espacios político-institucionales
y sociales nacionales:
>
En primer lugar, pone sobre la mesa la discusión
acerca de la legitimidad social y la calidad democrática
tanto del proceso de integración como de la toma de
decisiones en el nivel de cada uno de los Estados partes;
>
En segundo lugar, implica un debate sobre el funcionamiento
del aparato del Estado en cada uno de los países y
sobre la cultura institucional de las agencias que tienen
bajo su responsabilidad los temas vinculados con la integración;
>
En tercer lugar, lleva a una reflexión acerca de
la forma en que en cada uno de los países se conciben
y se ponen en marcha tanto la política exterior como
su articulación con las diversas dimensiones de la
política doméstica;
>
En cuarto lugar, plantea la pregunta acerca de quiénes
son y cómo se articulan los actores que participan
en la definición y la implementación de la agenda
de la integración, tanto en el nivel nacional como
en el regional, acerca de cómo se construye y se implementa
esa agenda;
>
Es, finalmente, una reflexión sobre los desafíos
que se presentan para el ejercicio de la representación
política y de la participación social y ciudadana
en el marco de espacios políticos ampliados y sobre
las consecuencias de la creación de dichos espacios
con respecto a las características de la democracia
en cada uno de los países.
Todo
proceso de integración da lugar, en mayor o menor grado,
a nuevos espacios para la representación política
y de intereses y para la participación social y ciudadana.
A su vez, tiene un importante impacto sobre la distribución
de poder en el interior de cada uno de los países:
entre agencias estatales y actores políticos y sociales
que tienen diversa participación en el espacio regional.
Es preciso preguntarse entonces cómo se distribuye
ese poder, quiénes ocupan los lugares de representación,
a partir de qué criterios y con qué legitimidad.
En un proceso de integración que tiene como objetivo
ser más que un área de libre comercio, un espectro
cada vez más importante de decisiones comienza a tomarse
en el nivel regional y es por eso que la reflexión
sobre la institucionalidad y todo lo que implica es aún
más urgente.
El
debate sobre la arquitectura institucional de un proceso de
integración lleva implícitas entonces discusiones
sobre cuestiones sumamente importantes:
>
Sobre el modelo de integración (más o menos
profundo, más o menos solidario, etc.);
>
Sobre el modelo de democracia (en dos sentidos: el de
un continuo que va de un modelo formal a uno sustantivo y
el de uno que va de un modelo más concentrador del
poder a otro que tiende a desconcentrarlo en alguna/s de múltiples
dimensiones posibles, a través de la inclusión
de actores no tradicionales);
> Y sobre el modelo de desarrollo nacional y regional
(inclusivo o excluyente).
Evidentemente,
dependiendo de los actores que participen en el proceso decisorio,
las opciones de política regional serán diferentes
y, fundamentalmente, más o menos legítimas y
eficaces.
2-La institucionalidad del MERCOSUR en debate ¿Qué
instituciones para cuál integración?
El
diseño institucional del MERCOSUR es establecido en
1994 por el Protocolo de Ouro Preto (POP), en un contexto
político e ideológico regional que se refleja
en la elección de un modelo de integración que
relega el rol de la política (de los Estados y, por
extensión, de cualquier construcción político-institucional
regional) en cuanto a la orientación de sus resultados.
Se trata de un modelo de integración de tipo "autorregulado",
que tiene como meta central durante la década del '90,
si bien con dificultades de implementación, la integración
negativa (liberación de las barreras al comercio),
quitando centralidad a objetivos, como el establecimiento
de una política comercial común o la coordinación
de las políticas macroeconómicas, que están
presentes incluso en el Tratado de Asunción.
La
arquitectura que nace del POP, en el marco de regímenes
nacionales fuertemente presidencialistas, da lugar a un sistema
que se ha llamado de "diplomacia presidencial",
favorecido por una constelación institucional intergubernamental.
En primer lugar, se trata de instituciones cuyos miembros
son designados por cada uno de los Estados parte, con respecto
a los cuales no tienen ningún tipo de autonomía.
En segundo lugar, la toma de decisiones se realiza en todos
los casos por consenso y con la presencia de todos los Estados
partes, lo cual da idéntica capacidad de veto a cada
uno de ellos. No se trata solamente de un sistema institucional
intergubernamental sino que, además, en el mismo la
toma de decisiones se concentra en los poderes ejecutivos
nacionales. Los únicos órganos del MERCOSUR
con capacidad decisoria son el Consejo del Mercado Común
(CMC), el Grupo Mercado Común (GMC), del cual depende
un conjunto de otros más de 150 organismos (subgrupos
de trabajo, reuniones especializadas) y la Comisión
de Comercio del MERCOSUR (CCM), todos integrados por miembros
de los poderes ejecutivos nacionales. Además de los
órganos con poder decisorio, encontramos a la Comisión
Parlamentaria Conjunta (CPC), el Foro Consultivo Económico
y Social (FCES) y la Secretaría Administrativa (SAM),
definida por el POP como un órgano de apoyo operativo
a todo el sistema.
Luego
de la aprobación del POP pueden destacarse tres modificaciones.
En primer lugar, la institucionalización del Foro de
Consulta y Concertación Política (FCCP), como
órgano auxiliar del CMC, con el fin de contribuir tanto
con la consolidación y expansión de la creciente
dimensión política del MERCOSUR, como con la
profundización del diálogo entre los Estados
partes y entre éstos y los Estados asociados en temas
de política exterior y de agenda política común.
Finalmente, el FCCP formula recomendaciones, adoptadas por
consenso, que son sometidas al CMC para su consideración.
En segundo lugar, la transformación de la Secretaría
Administrativa del MERCOSUR en órgano técnico,
ahora llamado Secretaría del MERCOSUR. Entre sus atribuciones
se destaca particularmente el que se establece que constituirá
"un espacio de reflexión común", ausente
hasta entonces. Finalmente, la creación de la Comisión
de Representantes Permanentes del MERCOSUR (COREPER), que
no sólo reúne a las representaciones diplomáticas
de los Estados Partes sino que tiene además una presidencia
dotada de funciones de representación internacional.
Las
modificaciones señaladas, posteriores al POP, intentaron
resolver los problemas de gestión de la integración
que aparecen con la ampliación del espectro temático
que presenta todo proceso de este tipo, a medida que avanza.
La
realidad institucional y, fundamentalmente, política,
del bloque, superó ampliamente la estructura orgánica
de 1994. La arquitectura actual consolida distorsiones vinculadas
a diversas necesidades funcionales y/o coyunturas políticas
que se dieron desde entonces hasta el día de hoy. Sin
embargo, no es acorde ni funcional con respecto a la etapa
presente del proceso de integración y establece límites
importantes para su profundización y democratización.
En
primer lugar, el MERCOSUR tiene un importante déficit
de accountability: es difícil para actores, tanto políticos
como sociales, identificar quién toma cuál decisión,
quién es responsable, en el proceso de integración.
Carece de la necesaria legitimidad con respecto a la clase
política, a las tecnoburocracias de agencias ajenas
al proceso decisorio y a la sociedad civil y a la ciudadanía
en general. Esta ausencia de legitimidad tanto técnica
como social tiene un importante impacto tanto sobre el contenido
de las decisiones como sobre su nivel de eficacia.
En
segundo lugar, el modelo institucional vigente no refleja
la voluntad de construcción de un proyecto colectivo,
sino que dificultosamente pretende articular proyectos nacionales
que colocan al proyecto común en lugares más
o menos importantes de la agenda, según la coyuntura
política doméstica y regional. La lógica
del intergubernamentalismo crea incentivos institucionales
para el predominio de una visión exclusivamente nacional
de la integración. A esto se suma, como señalamos
previamente, que en el caso del MERCOSUR la representación
política está concentrada en los poderes ejecutivos
nacionales. Ni los parlamentos nacionales, ni la institución
que los representa, la CPC, tienen participación en
el proceso decisorio. Tampoco el FCES debe ser consultado
obligatoriamente en algún tema. Esto impide el cumplimiento
de una función que nunca puede ser desempeñada
por los poderes ejecutivos: la representación de la
diversidad, presente en el rico entramado social y cultural
de nuestros países y de todo proceso de integración.
Es importante destacar también en este punto la ausencia
de formaciones permanentes de los órganos decisorios,
formaciones que en organizaciones internacionales consolidadas
contribuyen a crear una cultura institucional y una agenda
común en los temas de su competencia.
Finalmente,
el MERCOSUR ha tenido una trayectoria institucional que, a
lo largo de los años, ha dado lugar a una cultura institucional
de la integración en cada uno de los países
y en el bloque considerado como un todo. Esta cultura no es
la más favorable a la integración. Tiene límites
importantes en cuanto a su capacidad para permitir el avance
del proceso en las múltiples dimensiones y momentos
en que éste se desarrolla. Esta cultura institucional,
en términos generales, prioriza la visión nacional
en la negociación y la reserva con respecto a la información.
Entre
enero de 2003 y noviembre de 2005, los órganos decisorios
del MERCOSUR se reunieron en cuarenta y cinco oportunidades.
En ellas produjeron 382 documentos anexos a las actas. El
61% de estos documentos, es decir, 235, se declararon "reservados".
Entre ellos, por ejemplo, podemos encontrar el Programa de
Trabajo 2004-2006, que establece la agenda prioritaria del
bloque para el período, o el proyecto de Cartilla del
Ciudadano. Según una resolución del GMC los
documentos producidos son públicos. Sin embargo, la
misma establece que cualquier Estado puede pedir la reserva
sin necesidad de fundamentar el pedido. La Secretaría
Técnica produce informes semestrales que analizan la
marcha del proceso de integración y sugieren estrategias
de desarrollo. También son reservados. Esta cultura
de la reserva, justificada a lo largo de la historia de las
diplomacias nacionales para algunas cuestiones sensibles,
no es adecuada en el caso de la extensa pauta temática
de todo proceso de integración.
3-El rol de "actores no tradicionales" en la
nueva etapa de la integración: Parlamento regional
y sociedad civil organizada.
La
dimensión parlamentaria de la integración regional
En
el marco de los espacios políticos e institucionales
que se crean a partir de la construcción de bloques
regionales, se presentan particulares e importantes desafíos
para el ejercicio de la representación política.
Los Parlamentos y Congresos han asumido, en las modernas democracias
representativas, un rol fundamental como espacios para el
ejercicio mediado de la soberanía popular, para la
búsqueda pacífica del consenso, de la resolución
de conflictos en sociedades complejas y, finalmente, para
la legitimación del proceso político. Este rol
ha estado vinculado históricamente con el desempeño
de determinadas funciones (representativa, de legitimación,
legislativa y de control) que no son cumplidas, o no lo son
ni de similar forma ni a partir de los mismos principios,
por los poderes ejecutivos. La reflexión sobre la dimensión
parlamentaria de un proceso de integración es, por
ende, insoslayable e implica pensar acerca de hasta qué
punto hay una intervención real de las construcciones
parlamentarias en el proceso político, es decir, en
la elaboración de las decisiones políticas,
a fin de garantizar su correspondencia con la voluntad popular.
No
ha habido en el MERCOSUR, hasta el día de hoy, un espacio
institucional que en el nivel regional haya cumplido las funciones
históricamente desempeñadas por Parlamentos
y Congresos. La función representativa, que tiene que
ver con la capacidad de la Asamblea parlamentaria para incorporar
demandas de la sociedad, es central en cuanto condiciona la
forma en que aquella lleva a cabo sus otras funciones (de
legitimación, legislativa y de control). No hay ninguna
instancia de representación popular en el nivel regional.
Tampoco tiene la CPC atribuciones de control, de creación
legislativa o de codecisión. Incluso aquí aparece
otro problema vinculado al rol fundamental que cumple toda
asamblea como "espejo" de la diversidad de opiniones:
la búsqueda de consenso en la CPC se ha apoyado en
el voto único, mayoritario, de cada una de sus delegaciones.
Este carácter nacional de la emisión del voto
impide la expresión de las divergencias internas de
cada delegación, así como una posible estrategia
de construcción de alianzas ideológicas, que
trasciendan las fronteras nacionales.
La
aprobación del Protocolo para la creación del
Parlamento del MERCOSUR, de diciembre de 2005, ha implicado
un cambio importante. En el protocolo se afirma tener el convencimiento
de que "(
) la instalación del Parlamento
del MERCOSUR, con una adecuada representación de los
intereses de los ciudadanos de los Estados Partes, significará
un aporte a la calidad y equilibrio institucional del MERCOSUR,
creando un espacio común en el que se reflejen el pluralismo
y las diversidades de la región y que contribuye a
la democracia, la participación, la representatividad,
la transparencia y la legitimidad social en el desarrollo
del proceso de integración y de sus normas." Se
reconoce también "(
) la importancia de fortalecer
el ámbito institucional de cooperación interparlamentaria,
para avanzar con los objetivos previstos de armonización
de las legislaciones nacionales en las áreas pertinentes
y agilizar la incorporación a los respectivos ordenamientos
jurídicos internos de la normativa del MERCOSUR que
requieran aprobación legislativa."
La
aprobación del Protocolo constituye un primer paso
importante, una condición sine que non para avanzar
hacia la ampliación de la representación política,
la democratización y la legitimación del proceso
de integración regional. Si bien sus atribuciones son
aún limitadas, su establecimiento permitirá,
además, un mayor control político de los decidores
y un salto cualitativo en el tipo de relaciones interinstitucionales
del bloque. Sin embargo, no resuelve por sí solo el
importante déficit democrático que caracteriza
al MERCOSUR. Finalmente, la calidad del vínculo que
este Parlamento establezca con la sociedad civil será,
a su vez, central para avanzar hacia una cultura política
e institucional favorable a un proceso de integración
cualitativamente diferente.
Participación
social en el MERCOSUR
La
presencia de la sociedad civil organizada en la estructura
institucional del MERCOSUR se ha circunscripto, de acuerdo
a la normativa del bloque, al Foro Consultivo Económico
y Social (FCES), órgano de representación, con
nuevo miembros por país, de los "sectores económicos
y sociales". El mismo se ha conformado, fundamentalmente,
por sectores empresarios y sindicatos de trabajadores, siendo
su composición el producto de una decisión autónoma
de cada sección nacional. El Foro sólo ha tenido
una condición de organismo consultivo con escasa incidencia
en las decisiones del bloque.
A
esto debe sumarse que las posibilidades de participación
de otros actores sociales en los distintos organismos del
MERCOSUR es muy limitada, tanto por restricciones normativas
(por ejemplo, sólo pueden estar presentes en las reuniones
preparatorias de los subgrupos de trabajo) como por decisión
política, aún en temáticas como la transparencia
e información sobre las reuniones y el acceso a la
documentación. Esta dinámica genera una clara
discriminación con respecto a aquellas organizaciones
que no cuentan con recursos humanos y financieros para seguir
las negociaciones, elaborar propuestas o participar de ciertas
reuniones; consolida el lobby tradicional como herramienta
de incidencia "sectorial" en la obtención
de la información y en la toma de decisiones y, especialmente,
aleja el interés de numerosos actores del MERCOSUR
por considerarse fuera del sistema.
Hay
que destacar que a escala nacional sí se ha avanzado
con iniciativas importantes para involucrar a los actores
sociales en la dinámica de las negociaciones del bloque
regional: en Argentina, a través del Consejo Consultivo
de la Sociedad Civil, en Brasil, a partir del Proyecto Encuentro
con el MERCOSUR y en el caso de Uruguay, con una propuesta
que ha devenido regional: SOMOS MERCOSUR, en la presentación
de la cual el presidente Tabaré Vazquez ha planteado:
"Debemos asumir que todos SOMOS MERCOSUR y que de todos
nosotros depende el éxito de este formidable proyecto
político."
Existen,
individualmente, apuestas a modificar ciertas dinámicas
instaladas en el bloque, pero no han logrado concretarse a
escala del MERCOSUR.
4-Reflexiones
Finales
La
decisión de impulsar la integración regional
como política de Estado, primero entre los países
de América del Sur ha sido una de las elecciones de
política exterior más acertadas de la historia
de los Estados partes. En ese marco se encuentra la crítica
presente en la parte anterior de la exposición. La
participación en el MERCOSUR y el impulso al fortalecimiento
de la integración son las decisiones correctas. Sin
embargo, a partir de ese acuerdo, es fundamental la discusión
sobre el contenido y la metodología.
Debe
comprenderse que la integración regional es mucho más
que política exterior. Implica, por supuesto, una definición
del lugar que los Estados que forman parte de un bloque económico-político
regional desean ocupar en el mundo, pero es mucho más
que ello: es, poco a poco, el establecimiento de políticas
públicas en dimensiones múltiples (económica,
social, cultural, de educación, etc.), con una mirada
regional. Y si así lo vemos, pensando en plazos más
largos y en un proyecto regional ambicioso, se vuelve central
la apertura, en los niveles nacional y regional, de amplios
canales de participación real. Ningún inteligente
diseño institucional, ningún inteligente sistema
jurídico, puede sostenerse sin legitimidad social.
Queremos un modelo de integración democrático
y participativo.
Es
preciso que una reforma institucional integral sea encaminada,
para crear un sistema coherente con una nueva visión
de la integración y favorable a la construcción
de un proyecto común que trascienda la mera articulación
de las agendas nacionales. Los principios que deberían
guiar la reforma son: transparencia, democratización,
inclusión de nuevos actores, superación de la
lógica del intergubernamentalismo a partir de la identificación
de áreas temáticas concretas, en las cuales
se establezca una gestión común de la integración
y el establecimiento de formaciones permanentes de los órganos
decisorios. Cualquier modificación de la estructura
institucional de la integración debe pensarse, entonces,
en el nivel nacional, en el regional y en el espacio de articulación
de ambas esferas de decisión. A su vez, es central,
para fortalecer el proceso de integración, la creación
de instituciones supranacionales que incentiven el desarrollo
de una respuesta colectiva a problemas comunes.
Es
preciso impulsar también una transformación,
en el mediano y largo plazo, de la cultura institucional,
hacia la articulación de las visiones supranacional
y nacional en el sentido más favorable al bien del
conjunto. Por supuesto, el conflicto entre ambos espacios
tal vez nunca desaparezca. La Unión Europea es un interesante
ejemplo al respecto. Sin embargo, la reingeniería institucional
de la integración debe tender a articular ambas esferas.
Esto nunca reemplazará otros elementos, como la presencia
de liderazgos políticos y sociales que impulsen la
integración, pero su aparición también
se favorece en contextos institucionales que la impulsan;
tiene más visibilidad y potencia.
Los
obstáculos para la reforma son importantes. Entre ellos,
destacaría:
>
La centralidad de la política doméstica
en la agenda de los decidores políticos;
> La resistencia y/o inercia de las agencias burocráticas
cuya acción tiene una visión fundamentalmente
nacional y corporativa;
> La existencia de intereses concretos opuestos
a la integración y, fundamentalmente, a una integración
que avance en terrenos no comerciales;
> La carencia de liderazgos con visión estratégica
que promuevan la integración como instrumento en el
marco de una política de desarrollo nacional y regional;
> Las dificultades políticas y económicas
que enfrenta cada uno de los países, vinculado tanto
a problemas internos como a su permanente vulnerabilidad externa.

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